Parece que ha pasado una eternidad desde que Juan Carlos I abandonó España y fijó su residencia en Abu Dabi. Sin embargo, fue en agosto de 2020 cuando el rey emérito tomó esta decisión en pleno impacto público de sus escándalos financieros y sus negocios en el extranjero. Habían transcurrido seis años desde su abdicación y los escándalos comenzaban a afectar a la institución que ya encabezaba su hijo Felipe VI.

Pero desde su marcha, sus visitas a España continúan despertando una enorme expectación. Así sucedió el pasado domingo, cuando regresó a Mallorca siete años después para asistir al 80.º cumpleaños de su gran amigo Miguel Arias. Fue una visita fugaz, pero suficiente para volver a pisar algunos de los lugares que durante décadas formaron parte de sus vacaciones.
Después de la celebración, el emérito atravesó nuevamente las puertas del Palacio de Marivent. Allí pudo reencontrarse con sus hijas, las infantas Elena y Cristina; varios de sus nietos y otros familiares que se encontraban pasando unos días en Mallorca. Sin embargo, no tuvo la oportunidad de dormir bajo el techo de la que fue su residencia vacacional. Horas después volvió a salir del recinto como un invitado más y pasó la noche en casa de un amigo.
Una de las grandes preguntas que han rodeado aquella inesperada visita fue si Juan Carlos I había llegado a coincidir con la reina Sofía. Durante años, ambos mantuvieron una relación marcada por la distancia, aunque públicamente trataran de conservar las formas y ofrecer la imagen de un matrimonio unido.
Dadas las dimensiones de Marivent, no habría resultado difícil que cada uno permaneciera en una estancia diferente. La reina Sofía podría haberse retirado a sus dependencias mientras Juan Carlos compartía unas horas con sus hijas y nietos. Aunque es algo que se desconoce.
No obstante, la última vez que los españoles pudieron verlos juntos públicamente en la isla fue siete años antes, durante una visita a la Rafa Nadal Academy de Manacor. Una jornada aparentemente cordial que, según relató Pilar Eyre en Lecturas, habría estado marcada por una profunda frialdad lejos de las cámaras.
El 26 de julio de 2019, Juan Carlos I y doña Sofía visitaron juntos la academia fundada por Rafa Nadal. Allí fueron recibidos por Mery Perelló, entonces prometida del tenista, y por los padres del deportista, Ana María Parera y Sebastián Nadal. Los eméritos recorrieron las instalaciones y posaron sonrientes ante los fotógrafos. Las imágenes transmitían normalidad e incluso un gran avance en su relación deteriorada.
Sin embargo, Pilar Eyre ofreció después una versión muy diferente de lo ocurrido durante aquella visita. La periodista, una de las grandes expertas en Casa Real, aseguró que Juan Carlos apenas se habría relacionado con su esposa. “Me cuentan que, en la visita a la Escuela de Rafael Nadal en Manacor, don Juan Carlos no le dirigió la palabra a su mujer, aunque ella mantenía el tipo fingiendo no darse cuenta”, escribió en su artículo para Lecturas. La actitud de la reina Sofía habría sido la misma que mantuvo durante otros momentos complicados de su matrimonio, como las infidelidades del emérito con Corina Larsen y otras tantas mujeres.
Según la información manejada por Pilar Eyre, la frialdad entre los eméritos también se mantuvo durante la comida. Juan Carlos habría ocupado el centro de la conversación, mientras doña Sofía permanecía en un segundo plano. “En la comida, en la que el emérito llevó la voz cantante, la reina se limitaba a sonreír y, cuando intentaba meter cucharada en la conversación, el rey la ignoraba”, relató la periodista.
La escena descrita por Eyre resulta especialmente significativa porque muestra hasta qué punto los dos podían cumplir con una agenda conjunta sin mantener una relación verdaderamente cercana. La reina trataba de participar y conservar la normalidad, mientras su marido continuaba hablando sin prestar atención a sus intervenciones.
No se trataba únicamente de una discusión puntual. La distancia entre ambos llevaba años instalada en sus vidas y Mallorca no era una excepción. Aunque compartían Marivent y aparecían juntos cuando la situación lo requería, cada uno tenía sus propios planes y su círculo de confianza.
Pilar Eyre también explicó que Juan Carlos I conservaba en la isla un grupo de amigos con el que organizaba sus actividades al margen de la reina Sofía. “Don Juan Carlos, en Palma, ha hecho su vida, conserva su grupo de amigos”, escribió. Mientras Sofía se ocupaba de reunir en Marivent a sus hijos, nietos y familiares griegos, el emérito disfrutaba de unas vacaciones mucho más independientes.
En aquel artículo, Eyre planteó además la posibilidad de que Juan Carlos hubiera aprovechado su estancia para reencontrarse con una persona muy importante de su juventud: la princesa María Gabriela de Saboya. “Quizás ha tenido tiempo de ver a su querida Ela, su novia de juventud. ¡La princesa María Gabriela de Saboya está en Mallorca! ¿Casualidad o premeditación?”, se preguntaba la periodista.
María Gabriela, conocida cariñosamente como Ela, mantuvo una estrecha amistad con Juan Carlos y siempre se caracterizó, según Pilar Eyre, por hablarle con absoluta sinceridad. “Es una amiga sincera e inteligente que siempre le dice la verdad”, afirmaba la experta.
Para demostrar la confianza que existía entre ambos, Pilar Eyre recuperó un revelador episodio ocurrido años antes en el hotel Royal de Lausana. Allí, Juan Carlos habría intentado presentar a María Gabriela de Saboya a Corinna Larsen, pero la princesa italiana se negó: “Ni lo intentes, Juanito, no quiero conocer a esta aventurera, y te aconsejo dejarla. Esta relación te desacredita”.
Siete años después de aquella tensa visita a Manacor, Juan Carlos I ha vuelto a Mallorca y ha entrado de nuevo en Marivent. La diferencia es que esta vez ya no lo ha hecho como el monarca que pasaba allí sus vacaciones, sino como un visitante que debía abandonar el palacio pocas horas después.
Durante décadas, Marivent fue su casa de verano, el lugar desde el que navegaba, recibía a sus amigos y aparecía ante los fotógrafos junto a su esposa y sus hijos. Ahora ha regresado de manera fugaz, sin posar, sin agenda pública y obligado a marcharse antes de que terminara la noche. Atrás queda aquella visita de 2019 en la que Juan Carlos y Sofía todavía se esforzaban por ofrecer una estampa conjunta.